MISERICORDIA, de Pérez Galdós

misericordiaMisericordia, en el contexto novelesco galdosiano

Se publicó en 1897, es un momento de madurez, pues ha dejado atrás dos etapas de su quehacer de novelista:

  1. La etapa de sus novelas históricas y de tesis, cargadas de intención política pro liberal y de críticas a la Iglesia: Doña Perfecta (1876)…
  2. La etapa realista-naturalista en la que tan magistralmente supo captar la realidad de la España de su tiempo: Fortunata y Jacinta (1886)…

A partir de 1888, comienza la que puede llamarse etapa idealista y espiritualista de Galdós, en la cual, sin renunciar a la técnica del realismo, se siente llevado hacia un humanitarismo espiritualista de intención simbólica. La realidad objetiva empieza a volvérsele más problemática y ha de afrontarla con una nueva visión del mundo. Sus personajes, más que perfectas copias del natural, como lo eran en la etapa anterior, serán ahora símbolos de sentimientos y valores humanos: personajes idealistas, menos ligados al ambiente. El resultado de este cambio lo veremos en novelas como Ángel Guerra (1891), Tristana (1892), Nazarín (1895) y Misericordia, considerada por muchos como la obra cumbre de la producción de Galdós, síntesis de toda una evolución que aúna el pleno dominio de la técnica realista con ese nuevo espiritualismo que hemos indicado.

Argumento

El argumento es a la vez sencillo y complejo. Sencillo, porque toda la novela gravita sobre un personaje individual (Benina) y sus relaciones con el curioso mundo del Madrid de la época de Galdós. Complejo, porque la obra no se agota en absoluto en la historia de la protagonista ya que de ella se sirve el autor para:

  1. Novelar todo un abigarrado mundo de personas y todo un estado social peculiar.
  2. Simbolizar un espiritualismo que solo cabe interpretar como expresión de los ideales que animan al autor en esta tercera etapa de su evolución.

La figura de Benina

La crítica ve en Benina, sobre todo, la personificación de la caridad. La caridad de Benina no es la caridad de un ferviente creyente, porque entonces no tendría la significación que Galdós quiere darle. Benina es caritativa de una manera natural y sencilla, sin elucubraciones. La caridad es esencial a ella. No es un personaje ideal, sino perfectamente verosímil. Ideal de caridad y personaje son una sola cosa.

Su caridad carece también de todo sentido social: es de raíz exclusivamente humana, por encima del bien y del mal tal como la sociedad los entiende. Esto explica la paradoja de que la policía la detenga, precisamente a ella, que pide para hacer caridad porque así se lo dicta su conciencia.

Si hubiera que considerarla desde el punto de vista social, la caridad de Benina estaría llena de paradojas:

–          Que quien practique la caridad sea precisamente una mendiga.

–          Que se beneficien de ella elementos de una clase más acomodada.

–          Que se use del engaño, aunque sea bien intencionado, para obtener el dinero pues a Benina no le importa que proceda de manos moralmente poco limpias con tal de que le sirva para hacer el bien.

Benina actúa de manera espontánea, por impulso, sin ponerse a pensar si lo que hace es bueno o malo o si le perjudicará o no, como en el caso de la lepra de Almudena. Está movida por una bondad innata, por un sentido de la caridad y de la entrega que le sale de dentro, y tiene fe ciega en la suerte o en ese “Dios proveerá” que a veces dice. Hay también en ella un extraordinario amor a la vida, que sabe afrontar con actividad, imaginación, esperanza y hasta con cierto desenfado y humor. Benina es bienhechora y protectora de la humanidad, ama la vida.

Es impresionante su resignación ante la vida y ante los designios de Dios, su conformidad estoica.

Tal vez Galdós quiso reflejar en su protagonista lo que debía ser el verdadero cristianismo: la caridad sin contrapartida, incluso al precio de la ingratitud.

Misericordia, como novela social: los personajes de la clase media

Misericordia es una implacable denuncia de los avatares de la clase media en la época galdosiana. En conjunto, la imagen de la clase media es negativa. Doña Paca, por ejemplo, es un claro exponente de la misma. Persona venida a menos, sin ser mala, es mujer ligera, necia e inconsciente, incapaz de verdadero cariño. Depende de la caridad de Benina pero al mismo tiempo se permite herir su dignidad y regañarla.

Doña Paca encarna a ese estrato social de la clase media que ha perdido su anterior bienestar y se ve forzada a otras formas de vida. Añorantes de ese feliz pasado, ella y otros personajes de su misma clase guardan las formas de un decoro social definitivamente perdido. Es un puro vivir de apariencias, como el del hidalgo de Lazarillo. Galdós fustiga y ridiculiza esa forma de vida porque es consciente que solo conduce a la destrucción de una clase a la que él mismo pertenecía y a la que estimaba.

Doña Paca es también una débil de carácter que se somete al despotismo de Juliana y paga con la ingratitud a su fiel Benina. Su hijo Antoñito, juerguista y vicioso, carece también de fuerza interior para superar su estado.

Otro de los personajes ridiculizados en la novela es Frasquito Ponte. Se mueve en la misma órbita que doña Paca: la nostalgia de un pasado esplendor que engañosamente quiere mantenerse. Es anacrónico, cursi e idealista hasta el ridículo pero infeliz e ingenuo, incapaz de daño pero también de hacer nada positivo. Tiene en su haber, sin embargo, el reconocimiento de la bondad de Benina, frente a la ceguera de los demás.

Obdulia, la hija de doña Paca, neurótica desde pequeña, es también la señorita cursi de la clase media madrileña.

Don Carlos Moreno disfruta, por el contrario, de buena situación económica, pero encarna notas negativas. Su caridad es la antítesis de la de Benina, pues se cimenta en un pasado deshonesto y en negocios ilegales. Es una caridad para la galería, hecha de gestos; que quieren tranquilizar engañosamente una conciencia atormentada. Su modo de ayudar al prójimo es humillante y formalista, con un ridículo proceder burocrático-administrativo que a Galdós le parece repudiable.

El mundo de la pobreza: los mendigos y el ciego Almudena

Benina se encuentra entre dos mundos sociales muy diferentes: el de la clase media arruinada e hipócrita, que acabamos de ver, y el de la miseria más extrema que habita Madrid: los mendigos. Estos últimos son en realidad los más señalados protagonistas de la novela. Galdós quiso presentárnoslos con todo el rigor de un escritor naturalista que observó y “experimentó” esos ambientes. Por este afán de exactitud, Galdós se acerca a los mendigos sin prejuicios, idealismos ni sensiblerías. Y constata que, aun dentro de su pobreza, los pordioseros tienen las virtudes y vicios de cualquier otro grupo humano: están jerarquizados a la hora de elegir los mejores sitios para pedir limosna y tienen verdadera conciencia profesional de la mendicidad. Y, también como en todo grupo humano, surgen los líderes que dominan al resto e imponen su voluntad. De todos estos mendigos cuidadosamente descritos (la señá Casiana, la Burlada, Crescencia…) hay uno que cumple un papel muy importante: es el ciego Almudena, compañero de Benina, con la que convive hasta el final de la novela. Almudena es un personaje extraño que practica ritos esotéricos y se expresa en una rara jerga que no pertenece a ninguna lengua en concreto sino que es una mezcla de árabe, hebreo, palabras castellanas antiguas e incorrecciones. Galdós nos dice que es moro y otras veces que hebreo. Algunos críticos afirman que Almudena puede ser el símbolo de la tolerancia religiosa y social pues en él se funden las tres religiones y culturas que convivieron en la España medieval: la mahometana, la judaica y la cristiana. No olvidemos que en la novela se nos da a entender que procedía de la Arabia, pero su religión era judía y finalmente fue bautizado con el nombre cristiano de José María de la Almudena.

El Madrid de Misericordia: la ciudad y el suburbio

Las acciones y personajes tienen como fondo a Madrid, un Madrid que Galdós nos ha descrito con toda minuciosidad. Será difícil encontrar una topografía más exacta del Madrid de la segunda mitad del XIX.

En Fortunata y Jacinta vemos un Madrid comercial y céntrico. En Misericordia describirá Galdós con preferencia los barrios bajos, el mundo suburbano, el desecho de la ciudad. Desde él afluye todos los días a la urbe la sarta de mendigos.

Lo suburbano se describe con toda su secuela degradante: el robo, la prostitución, la suciedad, las enfermedades repugnantes…

Madrid, en Misericordia, no es simple marco ambiental sino verdadero protagonista. El autor sabe captar la personalidad de todos sus lugares.

Estructura y técnica narrativa

La estructura es bastante lineal, como corresponde a una novela típicamente decimonónica. Toda ella gira en torno al personaje de Benina, verdadero eje del relato sobre el cual se articulan los restantes personajes.

Los capítulos de Misericordia no son unidades completas y acabadas, no inician y terminan necesariamente una secuencia temática pues de pronto el autor corta la acción que ha empezado en un capítulo y la continúa en el siguiente.

Otros procedimientos técnicos:

  1. La técnica del narrador omnisciente, hasta el extremo de introducirse el autor en la novela y opinar sobre sus personajes y acciones. Hay también reflexiones didácticas y morales.
  2. Relato en tercera persona, lo que indica el dominio del novelista sobre todo lo que narra.
  3. Amplio uso del retrato físico, moral y psicológico de los personajes. Galdós usa en sus retratos una técnica que podemos llamar notarial: procede por acumulación de pormenores, por adición de detalles. No toma, como más adelante hará el impresionismo, solo las referencias o datos esenciales del personaje. Los retratos son completos, de los pies a la cabeza, con especial atención al rostro, espejo de la personalidad interior. Hay descarnado naturalismo al describir las fealdades físicas.

Encontramos también deformaciones de influencia quevedesca, como en el relato de la Paca (capítulo 21).

Hay una diferencia con otras novelas anteriores: que no siempre el retrato precede a la actuación del personaje, sino que éste es conocido por el lector por sus acciones, antes de que Galdós se decida a retratarlo. Así ocurre, por ejemplo, con doña Paca y con Almudena. Esto es índice de mayor flexibilidad en la construcción de la obra, como corresponde a una novela de madurez.

4.      Introducción de algunas acotaciones, que hacen pensar en el interés de Galdós por la novela dialogada (a medio camino entre la narración y el teatro) y por las obras dramáticas.

En cuanto al lenguaje, sabemos que fue tarea del realismo habilitar un lenguaje literario apto para expresar la realidad, aproximándolo al habla diaria. Galdós logró que el lenguaje conversacional sirviera para expresar los estados psicológicos y mentales más complejos. Esta fue su gran conquista. Sin ser un virtuoso del estilo, elevó a categoría artística el lenguaje cotidiano y hasta coloquial, y llenó Misericordia de giros populares, de frases hechas, de madrileñismos…, fiel a su idea de que debe existir una adecuación entre la condición social y cultural del personaje y el lenguaje que emplea.

Para leer, descargar aquí

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Acerca de A.Ortiz

Profesor de informática y responsable de la biblioteca de ESO y Bach. Amor de Dios de Alcorcón
Esta entrada fue publicada en 2º Bachillerato, Lectura obligatoria. Guarda el enlace permanente.

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